Zona Córdoba CF

13 de Jun 10:06

Carta dedicada Rafael Ramirez Dominguez

Un Rafael de Primera Division

Si usted tiene un amigo al que le gusta el fútbol y que vive en Zaragoza ó digamos Burgos y le pide que ponga cara a Ramírez Domínguez, le aseguro que no se la pondrá. Creerá que lleva poco tiempo en primera y casi seguro que le preguntará en que partido la ha liado para intentar recordar  lo imposible.


     Ramírez Domínguez ha sido un ejemplo para ése colectivo arbitral que persigue la utópica discreción, virtud ésta imposible de alcanzar en un colectivo al que vigilan millones de ojos pendientes de sus decisiones, que no olvidemos, han de ser instantáneas.  A la cuarta repetición televisiva, el plus y el gol teúve  miden el centímetro del fuera de juego y el leve empujón del penalty no señalado para que usted puede llamar ladrón sin ninguna vergüenza, mientras se salta un semáforo en ámbar. Hay árbitros que ante la tiranía de ésos ojos se incomodan y se nota que no reaccionan como la prudencia exige. Se hacen valer con un modo de sancionar que a veces no nos gusta a los aficionados, pero sería conveniente que entendiéramos la presión que a veces son sometidos los colegiados: “...hace 9 años, éste árbitro dió un gol al Celta en Madrid que botó fuera de la línea”. El periodismo dice que sandeces tales no es presionar, y es que el periodismo, a veces le da por asar la manteca ó descubrir el Mediterráneo.


     El ejemplo de Rafael Ramírez entre sus colegas, como tipo que ha pasado desapercibido entre el aficionado y el periodismo sobre todo, ha de ser tenido en cuenta no sólo entre los suyos, sino también entre los aficionados cordobeses. Nuestro fútbol de 1ª ha sido él, durante once años ..... y nadie ha parecido enterarse. Lo deja por edad, que no por deméritos... y se va como llegó. Sin ruido. Entre amigos.


   Vine a Córdoba de otras tierras y me fui percatando de que tenía un buen amigo.... poco a poco.  Discretamente. Quiero mucho a Paqui y a Rocío, sus mujeres. Y a Rafael David, su hijo que fué el que nos acercó. Estaré con ellos y le diré a Rocío que si alguien merece leyenda en el escudo de la nobleza arbitral, la de su padre ha de ser : “Nadie supo que pité”.  Seguro que lo entenderá.





 


Escrito por Javier Gomez


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